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Bloguero él, bloguera ella

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Mensaje por eowyndecamelot el Miér Nov 18, 2009 3:57 am

Autora: Eva María Durán
Dirección Post: Bloguero él, bloguera ella



Érase una vez una pareja de blogueros: concretamente, de actualidad política, concre-tamente, ambos bastante de izquierdas. Los dos tenían la edad media de la blogosfera hispana (sobre los 35 años), aún la crisis no les había arrebatado el empleo, y por consiguiente vivían en un feliz y comprometido mundo bloguero-doméstico y cuidaban abnegadamente de su dos blogueritos. A continuación, os detallo un día en la ideal vida de esta pareja.

Como es de recibo el bloguero se levantó temprano, se informó leyendo todos los diarios digitales alternativos y oficiales (incluso El País) que pudo para forjarse una opinión clara acerca de la actualidad, consultó sus foros y listas de correos, y luego envió a la blogosfera su contribución a un mundo mejor en forma de post combativo contra los excesos del sistema capitalista y sus consecuencias. Naturalmente, también la bloguera se levantó temprano, y (después de ser derrotada en su carrera para ganar el mejor ordenador de la casa, ya que cuando se disponía a lanzarse hacia él para llegar antes que el bloguero, el bloguerito pequeño comenzó a llorar porque se le había caído el chupete ocasionando la habitual sordera masculina en este tipo de situaciones) tras impacientarse ante el milenario ordenador del desván que la pareja guardaba más por nostalgia que por otra cosa, antes de que hubiera podido cargarse la página de El País o consultar ningún correo, le llegó la hora de despertar a los blogueritos, cambiarlos, vestirlos, darles de desayunar, llevarlos al colegio, mientras el bloguero, con la conciencia tranquila por haber enviado su post mañanero, se acicalaba tranquilamente delante del espejo y se iba a tomar el café al bar con la loable intención de ahorrarle a la bloguera preparar un desayuno más.

Durant el día laboral, el bloguero se desconectó en ocasiones de la rutina laboral para seguir al dedillo la actualidad política, no fuera que su desarrollo hiciera necesario manifestarse al respecto en forma de entrada en su blog, y contestó a sus comentaristas, ante la amable mirada de su jefe que entendía que si un hombre interrumpía su jornada laboral sólo podia ser por temas realemente importantes. La bloguera también intentó desconectarse de la misma manera para escribir el post que le había sido imposible publicar por la mañana, pero entre llamadas al pediatra para concertar la revisión periódica del bloguerito pequeño, al dentista para pedir cita para la ortodoncia del bloguerito mayor, a la piscina municipal para matricular a ambos blogueritos en los cursos intensivos de verano, a la tienda del pueblo a ver si tenían la ropa que pedían en el colegio para el baile de fin de curso, al psiquiatra para que le recetara unas tranquipastillas para el estrés... resulta que de pronto ve cómo la mirada de águila de jefe con un ERE dibujado en las pupilas amenaza con caer sobre ella para desgarrar su miserable aportación a la economía familiar en forma de simbólico salario, acusándola de perder el tiempo corporativo para cotorrear mailísticamente con sus amigotas y... en consecuencia, su blog continúa sólo y olvidado sin que nadie se apiade de él.

Por la noche, el bloguero, después de haber mantenido una sana discusión política con los compañeros de trabajo en el bar y haber asistido a un reunión de su partido, llegó a casa, besó cariñosamente a la bloguera y a los blogueritos y, cansado de la dura doble jornada del trabajador de izquierdas comprometido, se sentó en el sofá con los pies en la mesa y una cerveza en la mano para desinformarse un poco con los telediarios y ver después algún documental de actualidad o historia con la cena, antes de volver a conectarse para enterarse de las últimas noticias y los últimos comentarios del día. La bloguera, después de haber ido a recoger al bloguerito pequeño a la guarde, al mayor al cole, a la piscina, a la tienda, al psiquiatra, de darles la merienda, de llamar al local de su partido diciendo por enésima vez que sus deberes de bloguera madre y trabajadora le impedían asistir a la reunión, de hacer la cena para el agotado bloguero suministrador del grueso de los ingresos familiares (aunque tiene la misma categoría profesional que la bloguera y menos estudios), de poner la mesa, de recoger y lavar platos, duchar a los blogueritos, ponerles el pijama, acostarlos, también se conectó (otra vez en el ordenador prehistórico, claro) para escribir su tan deseada entrada. Parece que ningún niño llora ni pide agua; aún falta un hora y media para que la lavadora nocturna termine el programa y haya que tender... la noche es propicia al bloguerismo femenino... Pero lo primero que la bloguera puede abrir en su afán de información es el estudio de la blogosfera hispana publicado por Bitacoras.com, y la imagen que ilustra esta tontería que están ustedes leyendo, después de tardar casi un siglo en abrirse, golpea sus ojos cansados...

A la bloguera le dio un ataque de risa tonta tal que se cayó de la silla arrastrado el teclado del ordenador de la época de los Commodore y los Amiga, tras él la pantalla, y tras él la torre; el estruendo consiguió sacar al bloguero de su estudio donde está acabando sus deberes 2.0 de la noche, y cuando ve a su compañera y madre de sus hijos tirada en el suelo en confuso montón entre un revoltijo de accesorios informáticos que dejaron de ser modernos cuando Bill Gates fue a Vietnam y riéndose a carcajadas, le recrimina su falta de seriedad recordándole su condición de madre, trabajadora y militante, y le aconseja que, en lugar de intercambiar correos chorras con sus amigas, que seguro que es lo que le ha provocado tal acceso de hilaridad, actualice su blog, que lo tiene muy abandonado y hay que hablar de temas tan importantes como el terrorismo (el de ETA y el empresarial), los maltratos a inmigrantes en España e Irlanda entre otros lugares, la última de Berlusconi y la razón por la que ésta sí parece que le está pasando factura, la curiosa percepción del sentir de izquierdas de Zapatero en temas como los impuestos a los ricos, Durao Barroso y el derecho penal internacional (por ejemplo), el Tratado de Lisboa que es tan democrático que exige dos referéndums en Irlanda en lugar de uno sólo, el pacto o no pacto de ICV e IU para ir al grupo de la izquierda europea... por cierto, le dijo, ¿no te da vergüenza? ¿Cuánto tiempo hace que no vas a las reuniones del partido?

No quisiera que ninguno de mis compañeros blogueros se diera por aludido con este cuento un poco exagerado, nacido de mi cabreo por llevar casi una semana sin actualizar el blog debido a motivos parecidos, aunque no iguales, a los de la bloguera de la historia (tampoco digo que mi situación familiar se parezca o no a la de ella). Con él sólo pretendo denunciar un estado de la sociedad que incentiva y no responsabiliza al hombre de la inacción doméstica y que, en cambio, culpabiliza a la mujer de cualquier fallo en este ámbito; lo peor es que somos las propias mujeres (no todas, afortunadamente) las que nos lo creemos y las que vamos por ahí con sentimiento de inferioridad por nuestros bajos salarios y de culpa por no ser amas de casa a tiempo completo. Me diréis que se ha avanzado mucho, y yo os diré que estoy de acuerdo; compararéis nuestra situación con la que sufren las mujeres en otros países, situaciones indignantes, y me diréis que me quejo de vicio, pero no obstante continúo creyendo que estos pasos adelante que hemos avanzado han conllevado bastantes pasos atrás.


Última edición por evamariaduran el Miér Nov 18, 2009 4:02 am, editado 1 vez
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Mensaje por Chary Serrano el Jue Mar 11, 2010 11:14 pm

Creo que has descrito muy bien una situación que se repite en muchos hogares... las mujeres tenemos todo el peso de la casa y de los hijos y si trabajamos fuera, otro añadido.
Parece que estamos hechas de hierro, porque no podemos llegar agotadas a la casa, que si no ¿quien haría todo lo que nos espera?
Injusto totalmente y somos en parte culpables porque lo consentimos
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Mensaje por vsantano el Vie Mar 12, 2010 2:17 pm

En cierto modo, es verdad Chary. Comparto contigo eso de que si llegamos a casa cansadas... ¿quién haría el resto? Se ha acostumbrado en que nosotras somos ese peso importante en la casa.
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