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Objetivo Desenfocado

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Mensaje por Blackdragon el Lun Nov 16, 2009 12:09 pm

Autor: Backdragon
Dirección Post:Objetivo desenfocado

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Junto a la aventura del superhéroe hago un poco de propaganda de la entidad "vivir desenfocados" que ayuda a los enfermos de miopía magna.Vivir desenfocados
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Me había pasado mucho tiempo, quizás demasiado, concentrado en mis propios problemas. Como si el resto del mundo no existiera, como si después de marchar María nada importara,... como si fuera la única persona con problemas. Pero de algo han de servir los consejos de mis amigos, de los que aún me quedan.

Ellos son los que me han abierto los ojos, los que me han dado el empujón necesario para seguir adelante. Han sido los que me han hecho pensar en mis amigos David Palace, Charlie Watched o James Patton que, a pesar de las dificultades por las que estaban pasando, han afrontado con valentía su situación y, tomando al toro por los cuernos, luchan día a día por vencer en esa batalla diaria que supone algo tan sencillo, y a la par tan complicado, como es vivir.

Contento por sentirme rodeado de luchadores, que seguro me estaban contagiando su energía, afronté esta nueva etapa de mi vida, decidido a que Blackdragon resurgiera de sus cenizas y retomara la lucha que tan olvidada había tenido en este último periodo. No sé si era el primer paso pero seguro que la reacción que tuve ante el pistolero de mi última aventura era buena muestra del cambio que había sufrido.

He de reconocer que me había gustado esta actuación que bien podría haber estado a la altura de cualquier personaje de Marvel. Quizás los poderes del dragón y la energía de mis amigos estaban obrando en mí más cambios de los que aparentemente eran evidentes.

Aquellos días me encontraba en Ecuador invitado por la Universidad San Francisco de Quito, concretamente por el Colegio de agricultura, alimentos y nutrición. Aunque no se esperaba de mí ninguna aportación en el campo de la ornitología, habían llegado hasta las manos del John Carpenter, director del Congreso de Agroempresa, alguno de mis trabajos sobre la influencia de los pájaros en las cosechas por lo que había decidido invitarme a participar en una mesa redonda.

Aquella era la primera noche que pasaba en la ciudad y el calor me resultaba asfixiante. Después de varios intentos infructuosos de quedarme dormido y en vistas que no podía pagar ojo, decidí salir a dar un paseo. La ciudad estaba en calma, como si hubiera apagado sus motores y reposara esperando la llegada del nuevo día.

Dos camionetas aparecieron a una velocidad inusual para la tranquilidad que reinaba. Supuse que debía tratarse de alguna carrera ilegal que tanto furor hacía entre los jóvenes de la zona aunque no quise darle mayor importancia, concentrado en mis propios pensamientos, hasta que no oí el primer disparo.

Corrí para llegar lo antes posible a la esquina más cercana y poder ver que estaba sucediendo en la siguiente calle. Ahora que ya ha pasado todo he de reconocer que ir sin pararme a pensar en las posibles consecuencias que tendría aparecer de repente en medio de un tiroteo fue una locura, pero no puedo, ni quiero, evitar ser como soy.

Ante mí aparecieron seis vehículos, dos camiones blindados de una entidad bancaria rodeados por cuatro camionetas que, tras chocar contra uno de ellos, bloqueaban su camino. De ellas descendían varios individuos encapuchados que abrían fuego contra los blindados.

Mientras decidía que estrategia podría ser la más efectiva, me iba despojando de mi ropa para dejar que fuera Blackdragon el que actuara. Si dejar pasar ni un segundo más del necesario, mientras acababa de ponerme el antifaz, inicié de nuevo la carrera en dirección al escenario del crimen que se estaba intentando cometer.

Aprovechando el factor sorpresa salté sobre ellos, cayendo junto al vehículo que estaba recibiendo la mayor parte de los impactos de bala. Los atracadores, desconcertados por mi presencia, dejaron de disparar contra los furgones y concentraron sus miradas en mí. Fueron esos segundos de incertidumbre los únicos que necesité para coger a uno de ellos y lanzarlo con toda mis fuerzas contra tres sus compañeros, dejándolos a todos fuera de juego.

Me concentré en el resto de la banda que estaba intentando abrir el otro furgón para conseguir, como mínimo, parte del botín previsto. El que parecía tener la voz cantante ordenó a los otros dos individuos que le consiguieran un poco más de tiempo y así fue como se plantaron ante mí desafiantes. Mientras intentaban desenfundar sus armas, me abalancé sobre ellos y tras chocar contra ellos, dejándolos aturdidos por el golpe, pude ver que el cabecilla se retiraba deprisa del vehículo. En la parte trasera del blindado se encontraba activado un artefacto explosivo que debía ser la llave que les abriría la puerta de las riquezas esperadas.

Sabiendo que debía alejarme lo más rápido posible de la zona me dispuse a saltar a lo más alto de uno de los edificios más cercanos. Fue en ese mismo momento cuando la bomba hizo explosión. El impulso tomado y la onda expansiva, que me tocó de pleno, me hicieron saltar sin control alguno aunque he de reconocer que acabé cayendo en una de las terrazas de uno de los edificios adyacentes.

Cuando fui consciente de lo que había sucedido, me asomé para ver como había quedado la cosa. Mientras me frotaba los ojos, intentando enfocarlos para dejar de ver borroso, sólo pude ver como, entre el humo del incendio provocado y una lluvia de billetes medio quemados, llegaban a la zona varias unidades de la policía local. Sentado allí achaqué mi visión borrosa al aturdimiento sufrido por la explosión por lo que decidí reposar un rato al no poder hacer ya nada por mejorar la situación.

Como pude llegué a mi domicilio y, al día siguiente, me dirigí al servicio de urgencias de la zona para que me echaran un vistazo. Según el oftalmólogo que me visitó mi agudeza visual se había reducido en un ochenta por ciento. Según él, si no eran capaces de identificar correctamente la causa, podía ir en aumento esta pérdida de visión.

El mismo John Carpenter me ayudó a tramitar el regreso a casa y, mientras escuchaba en el avión la noticia del intento de robo de dos furgones blindados pensaba como podía afectar el estado actual de mis ojos a mi vida profesional y, en especial, a Blackdragon.

Recordé como en algún capítulo de las aventuras de John Shark, si no me equivoco en la Operación Ballpoint, había tenido algún contacto con una entidad que tenía luchaba por los derechos de los afectados por enfermedades como la miopía (simple, progresiva, patológica, maligna o degenerativa) y otras patologías de retina o que tenían que ver con la vista. Tenía claro que sólo desde la fuerza que tiene el grupo y ayudado por su sinergia es como se pueden conseguir cumplir los objetivos marcados y por ello no dudé ni un segundo. La única manera de no caer de nuevo en el pozo, debía acudir a ellos. Sólo con la ayuda de otros afectados y de los profesionales que están vinculados a ellos podría replantearme esta nueva situación que se presentaba ante mí.

No sabía si los poderes del dragón podrían ayudarme pero si tenía claro que ésta era una nueva prueba para Blackdragon.
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