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Un blogcumental solidario: Proyecto Guajiro; Génesis

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Un blogcumental solidario: Proyecto Guajiro; Génesis

Mensaje por David Posse el Vie Jul 17, 2009 7:33 pm

PROYECTO GUAJIRO: GÉNESIS
Desde que comencé este proyecto, las visitas, lentas, pero constantes, no han dejado de producirse desde diversas partes del planeta, lógicamente, y en mayor medida, los internautas americanos y españoles se llevan la palma. A todos, gracias por sus visitas, su apoyo, sus comentarios, sus mensajes (buenos y malos), sus ánimos. Es por ellos que merece la pena, aún contra corriente y sin medios, tal y como estamos trabajando ahora, el continuar esta labor.
A lo largo de estos días he recibido varios e-mail, algunos interesándose por el proyecto, alabándolo; otros despotricando contra mi persona, contra la idea del proyecto en sí, poniéndonos a parir a ambos, intentando mezclar política con cultura, por el simple detalle de pretender llevar a cabo este proyecto en Cuba; los menos, indiferentes, haciendo simples comentarios, pero entre unos y otros, varios de ellos, en distinta manera, coincidían, más o menos, en las siguientes preguntas: ¿Cómo se me había ocurrido tan descabellada idea? ¿No tenía sitios mejores a los que ir? ¿Acaso las mulatas, y no los guajiros, no darían pié a un reportaje más interesante? A las dos últimas preguntas, la respuesta es sí para ambas, en cuanto a la primera, pues son cosas que a las personas se nos suelen ocurrir sobre la marcha. Creo que es más una cuestión de neuronas que de gustos.

La idea surgió durante mi primer viaje a Cuba, prácticamente, para ser justos, la primera noche, una de esas calurosas noches tropicales en la cual, sentado en la terraza del apartamento que había alquilado, en el popular barrio de El Vedado, al fondo de la calle Neptuno, próximo a la universidad, que por entonces usaba como base para moverme en Cuba, mientras visitaba diversos archivos históricos, recopilando material para mi libro Crónicas del Nuevo Mundo. Aunque lo cierto es que no cristalizó hasta más tarde. Esa noche el ordenador pareció ponerse en huelga, y ni un ventilador directo sobre el aparato conseguía que bajase la temperatura de la placa base, por lo que opté por dejarlo descansar, no fuesen a fundírsele los cables y la placa, y a mi vez, tomarme un descanso al fresco de la terraza, traducido en unos cuantos mojitos caseros, que la propietaria del apartamento me había enseñado a preparar a lo largo de la tarde, facilitándome un buen manojo de hierbabuena, condimento indispensable para aliñar el combinado. Hasta ese momento, el vocablo “guajiro”, para mí, estaba asociado a los nativos de la península de la Guajira, la cual ocupa dos países, Colombia y Venezuela. La primera vez que leí esa palabra, fue en el libro de Henri Charriere, “Papillón”, allá a finales de la década de los setenta, y en el cual, el autor narra cómo, tras una de sus fugas de las infames prisiones de la Guyana Francesa, fue a dar con una tribu de guajiros, los Wayúu. La descripción que el autor francés hace de aquél paraíso terrenal quedó impresa en mi memoria, y desde entonces, la palabra guajiro la asociaba a los terribles caribes que tan bien habían acogido y tratado al autor. Hasta que llegué a Cuba, o mejor dicho, a Centroamérica, ya que mis viajes al objeto de documentarme me llevaron por diversos países. Sin embargo fue en Cuba en donde descubrí de nuevo el término.

La amable señora que me alquiló el apartamento, al ver que también había rentado un carro, me recomendó dejarlo por las noches en una calle adyacente, no recuerdo ahora si en Espada o en San Francisco, por una sencilla razón, evitar el robo. En las grandes ciudades de Cuba, en casi todas las calles, hay una zona “vigilada”, bien sea la misma calle, bien algún solar cercado, lugares en los cuales puedes dejar el coche, y previo pago de un dólar, uno o dos vecinos, a los cuales a lo largo de la noche suelen unírseles otros, por lo general algunos jubilados insomnes, montan guardia, como forma de matar el tiempo y de paso, ganarse un buen dinero, evitando los hurtos en los carros.
Siguiendo sus indicaciones, esa noche, a la puesta del sol, cogí el coche, di la vuelta a la cuadra (manzana) y en la calle superior, tal y como mi anfitriona me había indicado allí estaban un par de viejecitos sentados ante una mesa plantada en la calle y jugando al dominó, los cuales, no sé por qué razón, entonces me recordaron al gordo y al flaco (Laurel y Hardy), uno alto y grueso, el otro, un mulato chupado y desgarbado. Aparqué el coche a su lado, me bajé y me dirigí hacia ellos.
Tras los preliminares, ambos hombres, tal vez aburridos, tras indicarme amablemente en dónde debía aparcar el coche, comenzaron a interesarse por mis orígenes, y terminaron por invitarme a un ron. Durante la conversación, fue que pude escuchar de nuevo el término guajiro, de boca del mulato. Y me enteré de más cosas. Lógicamente, los guajiros cubanos no tienen mucho que ver con los Wayúu, pero en mi interior permanecía aquella idea original que, hacía ya tantos años, Charriere había grabado a fuego en mi mente. El mulato se autocalificaba a sí mismo como guajiro, y a mis preguntas, comprendí que el término no hacía referencia a alguna etnia caribeña, si no que engloba una variada y rica amalgama que tanto abarcan al negro africano como al indio, al mulato o al blanco, comprendiendo en su mezcolanza un variado mestizaje de etnias y razas. El término en sí venía a traducirse más como una forma de vida que otra cosa, la vida del hombre del campo. El mulato añoraba su anterior vida como guajiro, pese a que en su juventud, acompañando a las fuerzas rebeldes que lucharon contra la dictadura en los años cincuenta del pasado siglo, había dejado atrás el campo para ir a la ciudad, en busca de una vida mejor. Lo mismo que miles, millones de personas, tanto antes como después de él.

No fue hasta mi regreso a La Habana diez días más tarde, tras recorrer toda la isla y visitar los archivos que tenía en mis planes, que la idea comenzó a tomar forma, aunque en un segundo plano. Solo un par de años después, la retomé. Pero en mi mente bullían los pacíficos nativos a los que Charriere hacía referencia, y en un principio, en ese sentido enfoqué mis primeros esfuerzos. Vanos, pues podía visitar la zona como turista, pero la convivencia ya era harina de otro costal. Además, estaba el problema de que la zona pertenecía a dos países diferentes, con los consiguientes trastornos que eso acarreaba, ya que los nativos parece ser que se mueven libremente por el territorio, cosa que, como turista, no podía hacer, lo cual acotaba más aún el intentar llevar a cabo el documental. Por otro lado, para que éste fuese posible, necesitaba un equipo con conexión vía satélite, dada la escasez de líneas en la zona, exceptuando las turísticas, que, para colmo, en aquellos años estaban casi en pañales, por no hablar de los problemas asociados al intento de golpe de estado en ese año 2002 contra el presidente venezolano, Hugo Chávez, que complicó sobremanera las cosas. Ese detalle final terminó con la idea… De momento.
De vuelta a Cuba, esta vez con las ideas claras, ya que estaba decidido a documentarme para ver qué se podía hacer allí al respecto, me dediqué, en compañía de Ana, a explorar el potencial. De nuevo, más escollos, aunque no tantos como anteriormente. En principio, la convivencia con las familias que se prestasen a hacer de actores no estaba prohibida, al menos, durante el día, ya que las noches tendría que pasarlas, bien en un hotel, bien en un apartamento alquilado. Eso suponía un ingente gasto, por no hablar de la necesaria conexión a la red, algo que estaba a mi disposición, en mayor o menor ancho de banda, pero podía disponer de ella sin problemas.

Tras dos meses de estancia, fui allanando el camino y solventando escollos, a la vez que buscaba contactos y localizaciones. Por supuesto, quedaban descartadas las grandes urbes como La Habana o Santiago, así como la mayoría de las zonas costeras, plagadas de hoteles, bungalows y apartamentos ocupados por vocingleros turistas que nada tenían que ver con mis planes. En el interior encontré lo que buscaba, principalmente en el oriente, desde Camaguey hasta Santiago, sin descartar otras zonas, como Pinar del Río, ya que en teoría, toda la isla se prestaba a ello.
A lo largo de esos dos meses, me hice unos 6000 kilómetros solo en coche, visitando apartados rincones y hablando con la gente, los guajiros cubanos (guajiros y guajiras), que, en todo momento, se mostraron de lo más amable. También entable contacto con la santería, la religión afrocaribeña que en Cuba es seguida, en mayor o menor medida, por un alto porcentaje de la población. Acompañé a sus habitantes a las plantaciones de caña, café y tabaco, con ellos, a lomos de caballo, descubrí los ecosistemas en los que viven, me introduje en pantanos, marismas y selva, pude ver al caimán y al manatí, nadando plácidamente en aguas someras, vadeamos ríos y cabalgamos por la Sierra Maestra, navegué con los pescadores de langostas en sus precarias embarcaciones, compartí sus comidas, su trabajo y sus fiestas, afrontamos tormentas tropicales y sobre nuestras cabezas pasaron huracanes, Katrina e Ike entre los más conocidos y dañinos. Siempre acompañados por los ruidosos coros de ranas que inundan las plantaciones, y que parece mentira, lo pequeñas que son y lo ruidosas que llegan a ser. Poco a poco fui descubriendo un rico y variado folclore asociado a una cultura, a un entorno y a un ecosistema únicos, a veces paradisíaco, a veces infernal, en definitiva, una manera de ver la vida: al estilo Guajiro.
Esas experiencias fueron, en sí, las que reforzaron la idea de llevar a cabo este blogcumental, que a lo largo de un año, y a través de la blogosfera, pretende dar a conocer esta particular forma de ver y sentir la vida. Actualmente, para poder llevar a buen fin este proyecto, contamos con todos los permisos necesarios en base a los permisos de residencia, lo cual nos facilita la convivencia con las familias que se han prestado a ser nuestras anfitrionas, disponemos de los contactos necesarios para poder documentar en profundidad sus ritos y sus costumbres. Asimismo, disponemos de una finca-granja, base de partida de este proyecto, en donde nuestros anfitriones nos mostrarán el día a día y cómo lo afrontan, hilo principal que nos permite abrir y enfocar múltiples ramificaciones. Documentaremos también en profundidad el ecosistema en el cual se desenvuelven. Y en breve, esperamos contar con lo único que, de momento, nos falta: un productor, patrocinador, etc., que contribuya a que este blogcumental comience a “emitirse” en serio y en serie, deje la fase piloto en la cual nos encontramos estancados, por razones ya comentadas en otros post de este mismo blog, ajenas a nuestra voluntad, pero que nos han fastidiado enormemente el trabajo, y pase a otro nivel, con fotografías de calidad, entrevistas, vídeos, reportajes temáticos, etc. El resultado pretender ver luego la luz en diversos libros, principalmente de fotografía.
Espero haber respondido con este post a la mayoría de las dudas expresadas vía e-mail por algunos de nuestros seguidores. Los que preguntaban por las mulatas, pues tal vez se vean un poco decepcionados, pero resulta un poco difícil el complacer a todos.

http://guajiroreality.blogspot.com/

PROYECTO GUAJIRO es una idea original de DAVID POSSE. ©️ 2009. Todos los derechos reservados.

Para cualquier consulta, apoyo, donación, sugerencia, etc, ruego me escriban al siguiente e-mail:
proyectoguajiro@gmail.com

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Re: Un blogcumental solidario: Proyecto Guajiro; Génesis

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 18, 2009 1:13 am

Hola David he leido todo tu escrito y me ha parecido muy interesante lo que relatas.Creo que es una aventura sensacional.
¿El objetivo primordial del proyecto es sacar a la luz diversos libros para dar a conocer la vida de los guajiros cubanos?.
saludos cordiales
Maika luzblanca7

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