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Aflicción

Mensaje por Silencio el Miér Dic 02, 2009 12:25 am

Autor: Silencio
Dirección Post: Aflicción



No hay nada como tú
probablemente nada como tú.
Si te quieres ir
adelante, vete si te quieres ir.
Yo no se que haré,
me vendaré el corazón.
Espero que el parador
no cierre los inviernos.
Quizá haga frío en la playa
y alguien cubra mis piernas con una manta.
Quizá me susurren al oido
y me cuenten historias de piratas.
A lo mejor me gustan,
pero no serán las tuyas.
En las que nunca sé el final
callado por mis besos.
En las que nunca sé el final
callado por tus besos.
Y espero que el parador
no cierre los inviernos.
Espero que el parador
no cierre los inviernos.
No hay nada como tú.

No hay nada como tu (soberbia). Esclarecidos



Qué pocos favores nos hacen los mitos, la creencia sobre las entregas incondicionales, los valores de lo eterno, los modelos sociales a seguir, las fábulas, las ilusiones… Si es que nos lo creemos todo ingenuamente. Es posible tropezar más de una vez con la misma piedra, aunque el tropiezo sea distinto, unas veces te falla la pierna derecha, otras la izquierda y otras veces, simplemente, no viste la piedra y fue sin querer (evitarlo).

No hace mucho, ví una película titulada Stardust (Matthew Vaughn, 2007), llena de mitos románticos, una historia fantástica, entretenida, con una atmósfera similar a El Señor de los Anillos en cuanto a fantasía de los personajes y las tomas de los paisajes. En ese mundo recreado, diferente al nuestro, las estrellas caían del cielo en forma de mujer, mujeres guapísimas, que ni siquiera se despeinaban con la caída desde lo más alto del universo; con melenas rubias infinitas bien cuidadas y que brillaban con el sentimiento del amor. También había brujas sin escrúpulos, que deseaban y envidiaban los valores de belleza y juventud que les podía brindar el corazón de la mujer-estrella. Había un chico, mucho más normal estéticamente, porque ya se sabe que no tienen que ser tan espectaculares, a ellos les sirve con ser valientes y gentiles, que se enamoraba de la estrella. Tenía su gracia pero la peli atufaba a esterotipos, a sexismo, si es que hasta me provocó tristeza. Tanto trabajo de desconstrucciones de género, de echar por tierra ideales trasnochados, esteretipados, mitos romáticos... y ¡zas! En un momento, ahí los tienes todos juntos, haciéndote heriditas porque claro, nunca vamos a ser tan guapas y delgadas como la protagonista, nunca nos pasará esa historia de amor tan irrepetible, ni brillaremos...

Por eso hay que hacer un ejercicio de más valentía aún que el bizarro protagonista del cuento, de autoaformación para no creerse nada sobre estrellas preciosas ni sobre muchachos valerosos que protegen, ni hechizos de magas malvadas.

Igual no quiero creerme nada que no pueda comprobar por mi misma en el mundo terrenal, como las promesas que no toman forma, ni el futuro que no construyes a pachas, ante palabras que no dejan silueta nítida en los hechos.

Cuántas veces nos hemos sentido Brigted Jones aterrizando en lo real forzosamente y, por ejemplo, los viajes idílicos que imaginabas se convierten en algo difícil de consensuar por fechas, obligaciones, trabajos, ¿falta de ganas?; y los cuentos tienen finales más dramáticos donde lloras cuando abandonas las llaves sobre la mesa y donde necesitas elaborar el duelo ante lo perdido pensando si en algún momento pudiste cambiar el final… Cuántas veces nos comparamos con aquellos que sí que tienen lo anhelado.

Mientras unos a tu alrededor dan pasos de gigante, importantes, más o menos convencidos por aquello que sienten, tú te quedas como una hormiga, pequeña, poco agraciada, mediocre, cerca del hormiguero por el miedo a errar, tal vez perdida sin encontrar el camino de vuelta al subterráneo.

No quiero conformarme con "lo normal”, pero tal vez sea lo único que exista. Como decía la Yeye, idealizamos, pero a veces necesitamos creer que no hay nadie como nosotros, que la magia existe, que no hay nadie como tú.

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