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La maravillosa limitación de las palabras...

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La maravillosa limitación de las palabras...

Mensaje por Rieux el Lun Nov 23, 2009 2:53 am

Autor: Rieux
Dirección post: La maravillosa limitación de las palabras (texto para ti y tuyo, seas quién seas)


Esto va a ser una frikada del 13, pero que demonios, me apetece.Para empezar, vamos a intentar ponernos a eso de los microrrelatos, o minirrelatos, o cómo carajo se llamen, que se han puesto de moda. A ver...

Se levantó y miro al jardín. Entre la niebla, una figura se movía hacia la pared, sofocada y jadeante. Su mente se nubló por el efecto de la visión de su pierna como despojo sangrante y le vió saltar al otro lado, mientras el perro ladraba, en el preciso momento en que sus ojos encontraron el ángulo correcto a través de la ventana, antes de caer...

O bien, otro, más cotidiano y chorra...

Le había dicho que esperara, pero mientras comenzaba a llover, corrió a refugiarse al toldo más cercano, así que no pudo ver el coche en el que venían a buscarlo. Espero otro rato más, y al final se fue, disgustado...

No valen nada. Sólo los he puesto para perderlos y que tú los construyas para ti, antes de que los olvides pronto, como merecen.

Estos textos banales y prescindibles no son míos, amigable lector, te pertenecen a ti. No sirven nada más que para ilustrar una teoría (que tampoco es mía, por supuesto, aunque la hago mía, a mi manera, quizá sin haberla entendido). Cuando mi dedo apriete el botón del ratón situado sobre la parte de la pantalla delimitada en rectángulo y resaltada en naranja que dice PUBLICAR ENTRADA me desvaneceré, como una lágrima en la lluvia de la ciudad de Los Angeles en el año 2019. Cada palabra que, aparte de un significado común aceptado entre nosotros, en mi mente se asocia a conceptos y vivencias personales propias, se desgajará para introducirse en la tuya como un delicado puente, con algunas piezas repetidas y dislocadas, otras que eliminarás, y otras que tú utilizarás para darle solidez y forma. Cada frase, cada palabra es un ovillo enmarañado de historia, ideología, mentalidades cambiantes, significados variables y maneras diversas de ver la realidad. La tarea del lector debiera ser, no desentrañar el ovillo, sino ser consciente de éste, y asumir que al elegir uno de los hilos, nos guía más nuestra impresión que la voluntad del autor, y que dejamos sin aplicar otros muchos hilos que serían también procedentes. Jugar con la lectura, saber que despierta su mente de una forma en buena parte inconsciente. Hacer que palabras, frases, capítulos, escenas...sean plastilina para su audacia. Y su honestidad. Porque está claro, hay límites. Uno no sabría definirlos muy bien, pero al igual que en la historia sepueden buscar diversas interpretaciones, ningún libro dirá que en 1939 Polonia invadió Alemania. Ni tan volátiles que impidan una comunicación lo suficientemente satisfactoria, ni tan precisas cómo para evitar cualquier malentendido, que a medida que intentan expresar cuestiones profundas, llega a ser inevitable. Las palabras son los instrumentos esenciales y esencialmente insatifactorios, profundos, vacuos, maravillosos y humanos con los que nos hacen, nos hacemos y hacemos a los demás en nuestro discurrir por la vida.

Importa cada vocablo, su transcurso. Imagina, imaginemos. Si durante una noche invernal oscura y a la luz de una vela tenue en una biblioteca húmeda cuya memoria se ha perdido un monje somnoliento no supo apreciar el matiz de un latín antiguo, y así cambió ligeramente de lo que significaba en un verso de Virgilio, por ejemplo, y le dió otro matiz en lo que ignoraba era otra diminuta tesela más en el incipiente mosaico de la construcción de un nuevo idioma. Si los campesinos de alguna región árida y lejana comenzaron a entenderse entre ellos de un modo más cerrado y cambiaban algunas palabras, alteraron levemente lo que se entendía por ellas, y fueron cambienao el modo de hablar de aquellos que vivían al otro lado de las montañas hostiles. Si la guerra trajo nuevas formas de denominar lo desconocido en aquellas tierras míticas dónde se libraba, y luego se amoldó a designar algo parecido, pero distinto, o algo completamente distinto.... todo eso, o experiencias similares a esas, pudieron forjar cada palabra que hoy late en nuestro cerebro y que usamos por lo que nos evoca o por lo que nos aproxima a algo que sentimos inaprensible cuando nos resulta difícil expresarnos.

Algunas palabras se escondieron del transcurso del sol durante generaciones, y volvieron, con el mismo vestido, pero mientras latían ocultas en las entrañas de la roca, iban nutriéndose de nueva vida, con los significados que las mentes de las generaciones cambiantes intentaban hallar en el mundo, preparándose para la vuelta ante la falta de otra palabra más adecuada, volviendo humilde o pomposamente, vestidas en conceptos nuevos, extraños o engañosos. Intentando afinar un óptimo instrumento para una mayor comprensión y explicación del mundo, una interpetación de nuestro interior y un acercamiento más favorable a los demás. Cualquier etimología nos muestra el presunto nacimiento de una palabra que intentaba ceñir un concepto, y su lejanía con nuestro uso la mayoría de las veces nos fascina y nos aturde un poco, y a veces nos muestra una luz nueva en su uso. A lo largo de su vida, han ido encontrando nuevos supuestos de uso, inocentes, perversos, moralistas, provocadores, ingenuos, amenazantes, geniales, cansados, etc...y cada uso posible podría estallar en ellas cuando es pronunciada o escrita. Las edades del devenir humano están inscritas en las huellas nimias de cada palabra, y a veces se rastrean para iluminar maravillas de la creatividad humana.

Utilizamos un instrumento rígido en una realidad cambiante. Aunque el lenguaje cambia, no es tan rápido como el mundo que gira, y esa falta de aliento la suple nuestra mente, explorando las posibilidades de cada una de ellas, y aplicándolas a su gusto, siempre dentro de sí. Buscando uno de sus significados para acrcar nuestras ideas a otros o a nosotros mismos, moldeándolas y puliéndolas incesantemente, colaborando a que los hablantes lleguen a una percepción más exacta, pero dándole un sentido que perderá parcialmente a medida que el tiempo pase y otros hablantes piensen que es necesario aportar o eliminar cierto matiz. Como el viento cambia las rocas, el tiempo desgasta, pero también enriquece, las palabras.

Y aquí acecha astuta la gran paradoja: algo que sirve para comunicar, pueda ser en cierto modo solipsista. A veces nos topamos con algo que no podemos o sabemos explicar con palabras. La realidad es demasiado rica para las palabras, que lo intentan, pero no pueden llegar a la entraña de los sentimientos, pensamientos, creencias o sensaciones más nuestras. Así como las impresiones que tengo de los demás no pertencen a los demás, son mías, y son algo más profundo e inacabable que el hecho de que podamos intentar acercarnos a ellas por medio de palabras. Acechamos su sentido para encontrar la comunión perfecta de colores formas e imperfecciones entre nuestra idea a comunicar y la palabra que arbitrariamente la comunidad ha elegido para ello. Funciona, pero la comunión perfecta nunca llegará. Las palabras de otros les conciernen a quienes las pronuncian, pero cuando las proceso, me conciernen a mí también. Hay algo extraño, una mezcla de comunicación e incomunicación en un proceso de ida y vuelta que se nutre de sí mismo.

La torre de babel esta en nuestro cerebro, llena de ideas, prejuicios, impresiones, deseos, inquietudes, con forma color y tono irrepetible, que sentimos pero no sabemos transplantar en otra mente más allá de aproximaciones meritorias pero imperfectas, y esa intimidad vital que nos forma como distintos de los otros, las mejores y más precisas palabras no saben moldearla, aunque lo intentamos. Hay límites por supuesto, espacios de realidad asumible entre nosotros, el espacio del lenguaje, que es maravilloso, aunque sea, aunque deba ser exiguo respecto a nuestra necesidad de salir de nosotros mismos y comunicarnos. Y esto es lo más contradictorio, intentar refutar su cierto poder con ellas mismas. Pero...no se trata de criticar el hecho de que no acabamos de llegar a ello, sino celebrar que podemos intentarlo, siempre, y crear un espacio común, que necesitamos aún más que nuestro interior para formarnos y ser lo que podemos llegar a ser...y que aunque el puzzle que se rompe al hablar o al escribir es recompuesto por otro de otra manera distinta (y en cierto sentido, de manera creativa), hay ciertas consonancias evidentes que permiten entendernos, y eso es maravilloso, la creación de una comunidad efectiva y que enriquece a quienes la forman, a pesar de los malentendidos.

Lector voraz, taimado y descreído, tú habrás encontrado muchas incoherencias en estos torpes intentos por explicar algo que no puedo explicar del todo. Realmente no me supe expresar mejor, y quizá tú lo cambiaste todo...como debía ser, era tu deber. Pero sabías a que me refería, y tú lo expresarás también, casi lo mismo o lo distinto, pero siempre a tu manera. A pesar de todo, nos siguen quedando y siempre nos quedarán las palabras.

Rieux
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